Un arte (Elizabeth Bishop)
Tantas cosas parecen colmadas de un propósito
de pérdida que cuando se pierden no es un desastre.
Pierdan a diario algo. Acepten la molestia
de extraviar las llaves de la casa, la pérdida de tiempo.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Entonces practiquen perder, más cosas y más rápido:
lugares, nombres, dónde era que estaban yendo.
Ninguna de estas cosas traerá un desastre.
Yo perdí el reloj de mi madre. Y miren, se me ha ido
la última, o penúltima, casa que tanto amaba.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Dos amadas ciudades perdí. Y algunos reinos
que poseía, dos ríos y un continente.
Y aunque los extraño, no fue un verdadero desastre.
Incluso tras perderte (la voz mordaz, un gesto
que amo) no habré mentido. Es evidente
que el arte de perder no es tan difícil de dominar
aunque pueda parecer como (¡anoten!) como un desastre.
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El arte de perder no pretendo dominarlo; ya perdí muchas cosas y es cierto que no fueron un verdadero desastre: he perdido el tiempo, la memoria y hasta la paz pero siempre vuelven y entonces no me quedan remordimientos, mas un par de aquellas cosas que tienen ese propósito de pérdida no las quisiera perder jamás, en esas cosas está mi corazón y mi pensamiento y solo si pierdo el corazón será un verdadero desastre.
Ya perdí la sombrilla azul de mi madre, y miren, la lluvia aun no me moja y mi madre ya perdió el recuerdo de su sombrilla: no fue un verdadero desastre.
He perdido uno que otro parcial y hasta exámenes finales, pero puedo perder todas las materias que me faltan y nunca será un verdadero desastre.
Puedo perder la razón, perder la paz todas las tardes e incluso perder el conocimiento de tantos años, pero no será un verdadero desastre; solo serán leves pesares que también se perderán en la memoria.
El arte de perder no es un arte que pretenda dominar, es cierto que tengo mucho que perder, pero con seguridad no lo perderé todo.